Milei echó a casi todo el personal de Olivos furioso por la cocina y las filtraciones
Javier Milei ordenó una drástica reconfiguración del personal civil de la Quinta de Olivos, que derivó en la salida de al menos una docena de trabajadores con años de servicio en tareas de cocina, limpieza, mantenimiento y servicio. Según reconstrucciones de distintas fuentes periodísticas, la decisión se produjo en un clima de furia presidencial por las filtraciones internas sobre la vida cotidiana en la residencia y, en particular, por la difusión de una millonaria licitación destinada a abastecer de carne y otros alimentos a Olivos y a la Casa Rosada, valuada en alrededor de 500 millones de pesos y que contemplaba cerca de 29 toneladas de insumos para los próximos meses. La medida implicó una virtual “purga” de la planta civil y abrió paso a un proceso de militarización de la residencia oficial, con la incorporación de miembros de las Fuerzas Armadas en funciones que hasta ahora desempeñaban empleados administrativos y de servicio.
De acuerdo con las versiones que circularon en las últimas horas, el enojo de Milei se habría disparado al comprobar que información detallada sobre esa licitación de carne –incluida la cantidad de kilos y el monto total previsto– había sido filtrada a la prensa y replicada en redes sociales, alimentando críticas por el nivel de gasto destinado al entorno presidencial. En esos pliegos, tramitados por la Secretaría General de la Presidencia, se incluían cortes como entraña, lomo, asado, paleta y roast beef, además de grandes volúmenes de pollo, para abastecer las cocinas de Olivos y de la Casa Rosada durante un semestre. La difusión del menú oficial y de la cifra global de la compra fue leída dentro del Gobierno como una traición interna y como un episodio de “espionaje doméstico”, lo que habría motivado la decisión de apuntar directamente al personal civil como responsables de las filtraciones.
En paralelo, otras fuentes agregan un ingrediente explosivo a la crisis: la intoxicación de uno de los perros mastines ingleses del presidente en la propia Quinta de Olivos. Ese episodio, que requirió atención veterinaria en una guardia especialmente montada en la residencia, habría reforzado en Milei la sospecha de que no solo se filtraba información hacia afuera, sino que incluso podía haber un intento de daño contra sus animales, a los que considera parte central de su círculo afectivo. En ese contexto, se señala que el mandatario interpretó la descompostura del animal como un posible intento de envenenamiento y que esa hipótesis, aún no confirmada oficialmente, contribuyó a desatar un “día de furia” en Olivos y a consolidar su decisión de barrer con buena parte de la estructura civil que lo rodeaba dentro de la residencia.
Mientras se ejecutaban los despidos, el Gobierno buscó encuadrar el movimiento en términos institucionales y difundió comunicados que hablaban de un “cambio estructural” en la gestión de la Quinta de Olivos. Formalmente se informó la disolución de la administración general de la residencia presidencial y el traspaso del control a la Casa Militar, con el argumento de extremar las medidas de seguridad frente a un contexto de “inseguridad global” y a eventos de alto perfil, como la anunciada visita del papa León XIV. Voceros oficiales insistieron en que no existía un hecho puntual que explicara la decisión y se desmarcaron de las versiones que hablaban de represalias por la licitación de carne o por episodios vinculados con los perros del presidente. Sin embargo, el núcleo de trabajadores afectados fue claramente el personal civil que convivía a diario con Milei en la residencia y que llevaba décadas de servicio bajo distintos gobiernos.
Las consecuencias de la maniobra se percibieron de inmediato en la dinámica interna de Olivos: mozos, cocineros, personal de limpieza y mantenimiento comenzaron a ser reemplazados por efectivos de las Fuerzas Armadas, que asumirán tareas domésticas y de asistencia directa al jefe de Estado bajo la órbita de Casa Militar. Dirigentes gremiales de la administración pública repudiaron los despidos y denunciaron una “militarización” de funciones que históricamente fueron civiles, mientras que periodistas y analistas advirtieron que la ofensiva contra las supuestas filtraciones se inscribe en una relación cada vez más tensa del Presidente con la prensa y con su propio entorno. Milei, que en los últimos días volvió a cargar contra los medios con agravios y descalificaciones, consolidó así un esquema de máxima desconfianza hacia quienes lo rodean en la intimidad y optó por blindar la residencia oficial con uniforme militar y mano dura frente a cualquier información que trascienda los muros de Olivos.
