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Nati Jota admitió que fue tóxica en su noviazgo y reveló la estadística que la hace desconfiar de los hombres: 9 de cada 10

Nati Jota abrió su intimidad sentimental al recordar su único noviazgo formal y admitir que fue una pareja marcada por la toxicidad y el conflicto. En una charla televisiva, la periodista se definió a sí misma como “tóxica” y asumió que fue ella quien más excedió los límites dentro de ese vínculo. Según relató, su relación estaba atravesada por los celos, la desconfianza y una constante sensación de amenaza, incluso en ausencia de pruebas concretas de infidelidad por parte de su entonces pareja.

En ese contexto, la conductora explicó que su forma de vincularse estaba condicionada por una idea casi matemática sobre el comportamiento de los hombres. Nati sostuvo que partía de la premisa de que la mayoría de los varones son infieles y que, por lo tanto, era poco probable que su novio fuera la excepción. De ese razonamiento surgió la frase que sintetiza su desconfianza: “Si yo veo que de los hombres la mayoría, tipo nueve de diez, son infieles, a mí no me va a tocar el uno de diez”. Desde esa mirada, la posibilidad de ser engañada pesaba más que cualquier garantía afectiva, y esa sospecha permanente terminó moldeando sus actitudes dentro de la relación.

Al reconstruir sus conductas, Nati Jota detalló que llegó a revisar las conversaciones de WhatsApp de su pareja aprovechando que la sesión quedaba abierta en la computadora. Contó que por las mañanas encendía el equipo, ingresaba al servicio de mensajería y realizaba una suerte de “investigación madrugadora”, buscando palabras clave entre los chats para detectar posibles señales de engaño. Esa dinámica de control y vigilancia, que ella misma hoy considera desmedida, se convirtió en una práctica habitual durante esa etapa, alimentada por sus inseguridades y el temor constante a la infidelidad.

La periodista no evitó hacerse cargo de la responsabilidad que tuvo en ese vínculo y reconoció que “hizo más de las que le hicieron”. Al mirar hacia atrás, definió la relación como “re tóxica” y remarcó que sus acciones respondían a una forma equivocada de gestionar el miedo y la desconfianza. Señaló que esa estadística que tiene en la cabeza sobre la infidelidad masculina sigue estando presente, pero que su objetivo ahora es obrar de manera distinta, sin repetir los patrones que la llevaron a ejercer control sobre la vida privada de su exnovio.

En la actualidad, Nati Jota afirma que es plenamente consciente de que aquellas conductas no fueron sanas ni para ella ni para su pareja, y que no desea volver a ese tipo de dinámica. Sostiene que, de cara a una futura relación, su intención es no “asomarse” a esas actitudes de vigilancia y manipulación, aun cuando la desconfianza aparezca como una tentación. “La estadística es la misma, pero quiero obrar distinto”, expresó, marcando una distancia entre la creencia que aún la condiciona y la voluntad de construir vínculos más saludables, donde la seguridad no dependa de espiar un teléfono ni de confirmar, a toda costa, que el otro no la está engañando.

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