La caída de la actividad en lo que va del año es la peor en 33 años, salvo durante las crisis de 1995 y 2001
La economía argentina atraviesa un período de fuerte contracción. Según un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, la evolución de la actividad entre enero y agosto de 2026 fue la cuarta peor desde 1993, solo superada por las caídas registradas durante la pandemia de 2020, la crisis de 2001 y el efecto Tequila de 1995.
El relevamiento advirtió que el nivel de actividad se encuentra un 3,9% por debajo del cierre de 2025. Además, señaló que el repunte registrado después de la caída de julio fue prácticamente nulo: tras el retroceso del 2,8%, el indicador avanzó apenas un 0,1%.
El panorama genera preocupación porque la contracción alcanza a buena parte de los sectores productivos y todavía no aparecen señales contundentes de una recuperación sostenida.
Industria, construcción y comercio, entre los rubros más golpeados
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestran que solo tres de las 16 ramas de actividad se ubicaron por encima de los niveles de diciembre de 2025: minas y canteras, con una mejora del 7,6%; hoteles y restaurantes, con un avance del 1,7%; y servicios sociales y de salud, con una suba del 0,7%.
En contraste, las otras 13 actividades registraron retrocesos. Entre las más relevantes por su peso en la economía se encuentran la industria manufacturera, que cayó un 3,2%; la construcción, con una baja del 4%; y el comercio, que retrocedió un 4,8%.
En conjunto, estos tres sectores representan alrededor del 35% de la economía y el 45% del empleo privado registrado. Por eso, su desempeño tiene un impacto directo sobre la actividad general, el mercado laboral y las posibilidades de recuperación del consumo.
El informe del Banco Provincia advirtió que la debilidad de estas ramas también limita la capacidad de otros sectores para impulsar una mejora generalizada.
El consumo y el crédito siguen mostrando dificultades
Los indicadores vinculados con la demanda interna tampoco reflejan una recuperación firme. Aunque los salarios formales aumentaron un 1% en agosto, el crédito en pesos cayó un 0,5% en términos reales entre julio y septiembre.
La contracción estuvo especialmente vinculada con el financiamiento a las familias, que retrocedió un 2%. En paralelo, el crédito a las empresas permaneció prácticamente estancado, mientras que los préstamos hipotecarios avanzaron un 2%.
Las ventas minoristas también mostraron señales negativas. Según datos de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), disminuyeron un 1,2% y acumularon cuatro meses consecutivos de bajas, con una caída superior al 7% desde junio.
Estos números reflejan las dificultades que atraviesan los hogares y los comercios para sostener el nivel de consumo, uno de los factores determinantes para la recuperación de la actividad.
Los indicadores productivos tampoco anticipan un rebote
Los datos preliminares de septiembre muestran retrocesos en varias actividades industriales. La producción automotriz cayó un 3,6%, la elaboración de acero crudo bajó un 4% y el índice Construya, que mide la evolución de los despachos de materiales para la construcción, retrocedió un 0,6%.
También se registró una disminución del 0,5% en la faena de ganado. En sentido contrario, la producción metalúrgica creció un 2,6% y el consumo interno de cemento portland aumentó cerca de un 10%.
Pese a esas mejoras puntuales, el conjunto de los indicadores todavía no permite confirmar una recuperación generalizada ni determinar si la caída registrada durante julio y agosto comenzó a revertirse.
Una recuperación que podría demorarse
El informe del Banco Provincia advirtió que el escenario para los próximos meses es incierto. A diferencia de otros períodos de contracción, en los que la actividad logró mejorar durante el último tramo del año, no está garantizado que en 2026 ocurra lo mismo.
La evolución de los salarios, el empleo, el crédito y la inversión será determinante para saber si la economía consigue recuperar dinamismo. Mientras tanto, la debilidad de los principales sectores productivos continúa condicionando las perspectivas.
Con la actividad acumulada entre enero y agosto ubicada entre las peores de las últimas tres décadas, el desafío será lograr una recuperación que alcance a más sectores y tenga impacto tanto en la producción como en el consumo y el empleo.
